La gente nos mira, y sin decir palabras también sonrien... eso para mi es un gran regalo, cuando estoy mal...pero por más que me miren las sonrisas se borran y se convierten en lo que verdaderamente se siente...Van pasando los días y me encuentro con 8 de mis 10 amigos... Dos ya las compro el destino y son felices, porque la otra vez las vi pasar, eso si! vi en su cara una sonrisa diferente... Una sonrisa que salio del corazon y no salia fingida...
Se fueron sin despedirse, porque ni siquiera se nos dio el tiempo, aun eramos las personas que miraban la gente para alegrarse con nuestra bendita sonrisa....
Ya estabamos acabando el mes de Octubre... y solo ibamos quedando dos... Nos preguntabamos todos los dias antes de acostarnos porque nadie queria nuestra compañía... porque eramos malas?, no serviamos? y siempre nos despertabamos con la esperanza de ser compradas por el destino...
Me acuerdo que despues de la hora de levantarse, se alzó una mano... y levanto al que yo llamaba hasta el momento hermano... y desaparecio y reaparecio al frente de mi, pero fuera del gran ventanal que nos separaba de la gente. Me miró con tristeza, porque sabia que me quedaría sola... y empezaron a caer lagrimas que con gestos visibles me decía que me cuidara y que me amaba.
Esos días me aferré del cielo y tambien del infierno. Mis manos ya no daban más, y mi corazón cada día se destrozaba... el porque de mis razones para ser atendida por el destino se deshacía y no me daba vuelta atrás.
Era solo una pequeña muñeca, una muñeca tan sencilla, tan simple, que nadie encontraba la simplicidad de mis sonrisas. Mi corazón se volvio con pena. Persona que miraba, persona que ahora ya me ignoraba. No entendí nunca el porque nunca me compraron. Luego entendía cuando ya no estaba para servir a la gente, porque mi cara cambiaba, porque mi cara nunca fue a las demas iguales. Siempre diferente. La gente miraba con cara de asombro cuando alguien era diferente... Y por esas razones de la vida, aun espero en la vitrina, con mis manitos y ese chalequito que el vendedor me dio para protegerme de frio. Aun espero en la vitrina que alguien no le de miedo lo diferente, y pueda decirle adios al hogar que aun me cobija.
Quien la tenga recibirá la receta de la felicidad y recibirá lo que muchos no encontraron en otras... El amor
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