viernes, 27 de mayo de 2011

Existe otra musica aparte de la tuya

Cierto día caminé y no me di cuenta cuando de repente me topé en un gran negocio que recien se estaba inaugurando. No le tomé la mayor importancia puesto que las cosas que se ponían de primerizos nadie los llegaba a ver. Mi pueblo era pequeño y se dejaba llevar por lo tradicional que eran los objetos: tipicas televisores de un solo color, o radios de esas que tocan con sus vinilos locos.
Al otro día pasaba por la misma calle y encontré que mucha gente llevaba mercancías, objetos de mucho valor y se iban emocionados y contentos... Al ver como salían las personas decidí ir a observar para ver que cosas maravillosas poseía.
Abri la puerta y me encontré en un lugar sobrio que para mi eran un lugar totalmente desagradable en donde atendía un señor, un adulto ya de avanzada edad donde siempre al lado de la caja tenia unos pequeños parlantes. No me importaba mucho el mensaje de los parlantes ni mucho menos la musica que presentaba. El caballero me miro con cara de querer comprar algo. No le di importancia y me fui rapidamente ya que no me agradaba...
Todos los días pasaba por ese lugar y toda la gente salia feliz. No entendia realmente lo que sucedia pero tampoco me importaba ya que por dentro era realmente feliz. 
Hubo un mes luego de todo ese momento en el que empecé a decaer, las cosas me salian absolutamente mal y por mas que pensara positivo no me resultaban. Algo no andaba bien y algo que circulaba tampoco me estaba haciendo bien. Capaz que eran los miles de rechazos que durante ese transcurso la gente me señalaba, me discriminaba y poco a poco iba rompiendo el corazon y tambien la mente. Me destrozaba y poco a poco decaí y llegué a la calle en donde muchas veces discriminé... esa tienda en donde estaba el anciano vendedor. No quise darle importancia y en la vereda derramé varias lágrimas...
No me di cuenta cuando estaba dentro de la tienda en la que el lugar me desagradaba. Ahora la sentia de distinta manera. Se veía luminosa, decorada y con una energia que no describo aun en mi vida. Miré al anciano y tenía los parlantes que me acompañaron en todo mi andar, esos parlantes los cuales le hice indiferente. Los tenia en sus manos. No reaccionaba. El me hizo entender que lo que llevaba puesto era lo que me hacía mal... Que escuchaba la propia voz sabiendo que existian mas... El no me hablaba con palabras pero si con gestos. Detecté todo en su mirada y en su fascie. Con mis pequeños ojos le afirmé, sonriendole poco a poco, y me regalo los suyos, desechando mis viejos parlantes...
Hasta el día de hoy, los conservo, los miro, recuerdo y siempre agradezco haberlo conocido porque sin esos parlantes no conocería verdaderamente lo que escucha el mundo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario